
En esta oportunidad les hablaré de esta novela escrita por Móniva Ávila (Argentina, 1955), profesora, gestora cultural, coordinadora de talleres literarios, especialista en escrituras, viajera, fotógrafa y naturalista, solo por mencionar algunas de sus actividades, labores y pasiones. Esta obra ha sido publicada por Enero Editorial en el año 2022 y cuenta con 108 páginas.
¿Qué me pasó con esta obra? Esa es la pregunta que siempre me hago cuando finalizo de leer cualquier libro que luego quiero y debo elaborar una reseña. Me pasó lo familiar, los sentimientos de los más íntimos y hasta la cercanía de los que podríamos llamar «propios». Me pasó las memorias de quien cuenta como así ttambién las personales de quien lee, los idas y vueltas que se dan en esas pausas necesarias para procesar todo lo leído, porque es más que obvio que la mente decide emprender cada tanto un miniviaje por los sentimientos y los recuerdos de uno mismo.
Una vez, en una charla para nada convencional, escuché que alguien afirmaba con convicción que las historias personales son historias sagradas que por lo tanto deben ser respetadas y nunca jamás se las ha de tomar a la ligera. ¿A qué voy con esto? Es para señalar que sentí ese respeto por parte de la narradora, alguien que no tiene miedo en ceder espacio y tiempo en lo que se va contando porque reconoce la profundidad de aquello, una narradora que no teme tomarse una sola página para dejar caer sobre ella solo dos líneas porque sabe que su carga de sentido lo justifica y hasta lo reclama.
¿Quién podría sentirse ajeno o ajena a esto que se cuenta? Solamente quienes no han tenido la posibilidad de crecer y convivir con una familia porque, quienes tuvimos esa dicha, sabemos que familia es sinónimo de muchas cosas pero también de misterio, de secretos y de cosas ocultas que por momentos son evidentes pero nadie quiere afirmarlo o ponerlo en palabras. Mónica y Graciela nos permiten conocer su familia, adentrarnos unos instantes a sus misterios, pero también nos sirven de espejo para lanzarnos en la aventura de descubrir y desentrañar los que son de uno.
Finalmente, debo señalar que ha sido una grata sorpresa encontrarme en este libro con varios fragmentos de Georges Perec, de quien he podido leer dos de sus obras en un afán de curiosidad como la que suele invadirme en el agobio del verano. En unas de sus páginas, cita Mónica Ávila estas líneas que me parecen de lo más acertada: «pocos acontecimientos hay que no dejen al menos una huella escrita», tal es así que son los escritos de José (testimonios de sus vivencias) los que terminan por concedernos el pase hacia las habitaciones de la memoria, donde reposan los recuerdos, los sentimientos y también quienes creemos se han marchado. En fin, vale la pena adentrarse en esta hermosa historia.