
Un libro como una verdad que duele, pero libera. Una confesión escrita en plena guerra contra la procrastinación, temblando y el corazón en carne viva. No sabía con qué me iba a encontrar, pero tenía miedo de que fuera como que cualquier otro libro de autoayuda con consejos simples que anhelan mucho y no llega a elevarse del suelo. Me alegra mucho que no sucediera así. Lo he disfrutado como una carta de un amigo que un día toma la decisión de confesarse para expresar (o intentar al menos) con palabras la lucha que viene librando en su vida. Una lucha con la peculiaridad de que el enemigo es muy poderoso pues no es otro que uno mismo.
Pablo Speroni se abre sin filtros ni adornos. Expone su vida, su dolor, su lucha por dejar de despreciarse, por salir del pozo oscuro en el que el odio propio te ahoga. Lo hace desde una honestidad brutal. ¡Vamos, nunca es fácil hablar de adicciones en primera persona! No intenta ser ejemplo, ni dar recetas, ni transformarse en gurú de superación personal. Se limita a contar su historia y, al hacerlo, deja espacio para que uno se vea reflejado. Eso es muy destacable en estas épocas donde todos quieren ser maestros y casi nadie aprendiz.
¿Quién no ha sido duro consigo mismo alguna vez? ¿Quién no ha sentido esa voz interior que repite que no es suficiente, que no merece, que no vale? Este libro no trae soluciones mágicas, pero sí que deja muy en claro que el primer paso para la sanación es la aceptación sincera de donde uno se encuentra, una mirada compasiva hacia uno mismo (claro que es lo que más cuesta).
Pablo ha logrado que yo también pudiera acompañarlo en su proceso, ser un testigo cercano y que también deja interpelarse ante esta realidad de la vida que se nos va de las manos, no una sino miles de veces incluso en un mismo día. Testigo de un proceso de conversión hacia una vida con más sentido, la vida de un ser humano que empieza a reconocer que también él es digno de una plenitud, de una felicidad verdadera sin lastimarse.
Este libro me llegó en un momento de cambios significativos en mi vida así que agradezco a Pablo por regalarme una nueva oportunidad de mirarme una vez más desde una crítica profunda pero llena de esperanza. Debo confesar que me devorado este librito en una tarde acompañado de unos ricos mates con cedrón. Agradezco el doble cuando un autor decide ir directo a lo que quiere comunicar (siempre que no sea ficción, claro) y no anda con vueltas que solo distraen de lo principal.
Siento que Speroni está comenzando este camino de sanación y tiene todavía mucho por compartir(nos) para ayudar(nos) a vivir de una manera diferente. ¡Qué bien nos hace cuando un amigo o conocido nos tira una verdad para abrir los ojos! Ojalá siga plasmando en palabras sus experiencias, sus caídas, sus aciertos… seguramente ayudará a tantos otros.
Valoración personal: 7 / 10
Recomendaría este libro a quienes estén atravesando procesos de sanación personal, a los que han tocado fondo y no saben cómo empezar de nuevo, a los que llevan heridas que no se ven, pero pesan y sangran a diario. Y a todos los que simplemente buscan un testimonio real, humano, honesto.
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