
¡Hola! Aquí de nuevo, para hablarte de lo que más me fascina en el mundo: los libros. En esta ocasión, la cita es por muchos motivos especial… porque escribo esto después de una etapa bastante dolorosa en mi vida, porque retomo esta aventura de atreverme a sentir lo que siento por cada historia que leo y porque hoy quiero hablarte de mi libro favorito, El Principito, escrito por Antoine de Saint-Exupéry.
Un aviador a la deriva, un desierto y un joven príncipe de otro planeta… a los que se sumarán lo suyo una rosa peculiar y un zorro. Otros personajes menores también aportarán lo propio.
¿Puede un muchachito interpelar tanto la vida de tantas personas mayores? Puede, lo ha demostrado el principito. Con sus deseos de conocer a fondo las cosas, sin tolerar que sus preguntas queden sin respuesta, haciendo notar los errores comunes de los «mayores», riendo y llorando según la gravedad de la situación.
Vos y yo sabemos que hay encuentros que no nos dejan igual, que nos transforman por completo y nuestra vida ya no vuelve jamás a ser la misma. Sin dudas, esto le sucedió al aviador protagonista de esta historia luego de encontrarse con tan peculiar niño.
Es muy loco, la magnanimidad de la inocencia de un pequeño. ¡Cuánto por aprender! Solo lo pequeño, lo sutil, lo sencillo, tiene el poder de llegar directo al corazón. Nos han acostumbrado tanto a las grandes aventuras, a las grandes experiencias, a los excesos, que la simplicidad de esta historia nos golpea fuerte en nuestro orgullo, en nuestra supuesta sabiduría enorme sobre cómo funcionan las cosas.
Vamos por la vida persiguiendo fama, riqueza, poder, ser admirados por la supuesta vida feliz que llevamos, preocupados por las «cosas serias»… todo a costa de olvidarnos de ser nosotros mismos, de sentir, de ser personas, de sabernos débiles, algo estúpidos y de no reconocer que equivocarnos también es parte del camino. El aviador es consciente de sus metidas de pata al tratar mal o sin la ternura debida a este pequeño príncipe, pero no es tan importante el error como el hecho de que siempre se descubre tratando de enmendar el daño que causó.
Gran sabiduría también habita en el zorro que invita al principito a domesticarlo… corriendo el riesgo de sufrir, porque todo lo que domesticamos nos obliga en responsabilidad con ese vínculo. Pero también, al dejarse domesticar, uno se dispone a sufrir… como todo cuando existe amor verdadero de por medio.
¡Qué valiosa es una rosa cuando la descubrimos única en el mundo! Creo que allí es donde fallamos la mayoría: no reconocemos lo valioso que tenemos en nuestra vida (salud, familia, amigos…) porque pensamos que son una cosa más del montón y, por ende, nada especial. ¡Error! Es uno mismo quien hace especial a cada cosa, a cada situación, a cada persona.
¿Por qué leer este libro? Porque no se puede ir de esta vida sin disfrutar y dejarse afectar mucho por una historia tan maravillosa, simple y extraordinariamente profunda. Porque el principito también quiere llegar a tu vida, interrogarte, reír con vos y compartir seguramente un par de lágrimas.
Calificación personal: 10 / 10
según Edu, navegante entre mil escritos.
P.D.: Si lo lees, estaré ansioso esperando que me cuentes qué te pareció esta aventura.
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