
Desde el momento en que este e-book ingresó a mi bandeja de entrada, supe que iba a sumergirme en una historia que no me dejaría indiferente, porque la sinopsis ya me refería a un tema que llega hasta lo profundo de mi alma.
¿Qué encontré dentro de esta obra? Encontré a un narrador en primera persona que me regaló la posibilidad de compartir una parte (muy pequeña, pero creo que inmensamente profunda) sobre las experiencias relacionadas a un diagnóstico. “Que el diagnóstico no se vuelva tu segundo nombre en tu carta de presentación” escucho decir a mi psicóloga, y lo recordé todo el tiempo mientras avanzaba en la lectura.
Que la vida es compleja, complicada y difícil, lo vamos descubriendo a lo largo del tiempo, cada uno con las particularidades de su propia realidad. Pero creo que un diagnóstico así termina por sumar un plus a todo, por la desinformación y los prejuicios que están profundamente arraigados en nuestra sociedad.
También encontré en estas páginas a un protagonista que dejó el papel de víctima en su vida y decidió ser lo que realmente es: protagonista de su propia existencia. Y eso sí que hace un cambio, un enorme cambio en todos los planos. Sentí estar conociendo a alguien que dejó de lado las excusas y decidió encarar la vida con libertad y una buena dosis de amor y aceptación hacia sí mismo. Y eso es digno de imitar, un ejemplo a seguir.
Creo que el VIH sitúa a uno en una zona de decisión y una zona de duelo… Decisión para elegir entre “fingir demencia” o hacer frente a todo lo que está dentro de uno mismo y que ni siquiera sabemos identificar con palabras: hacer frente a los miedos, las inseguridades y un sinfín de emociones (muchas veces contradictorias) que se experimentan ante esta nueva realidad, desde el día en que un papel confirma un compañero hasta el último día de nuestra vida. Pero también creo que es una zona de duelo, porque habrá que desprenderse de ese ser que no tenía este diagnóstico; de los proyectos que pueden verse, en mayor o menor medida, alterados por el mismo; de las charlas que hay que dar por responsabilidad o de la confesión a seres queridos que uno decide hacer para sentirse acompañado en este camino que no será fácil. Es hacerse a la idea de necesitar unas dosis de pastillas para mantenerse en condiciones, de la necesidad imperiosa de asistir a controles, de un nuevo profesional que se vuelve médico de cabecera, de amigos que se van (quizás el título les quedaba un poco grande), de amores que dejan de amar al saber la verdad y de la familia que, a veces, algunos no son tan familiares sino enemigos.
Con este libro, Diego también me recordó unas expresiones del psicoanalista Gabriel Rolón, cuando confiesa que cada uno tiene la libertad de decidir cómo encarar la segunda parte de la vida. Creo que un diagnóstico de VIH es un buen punto de partida para tomar conciencia de que uno puede construir la vida que quiere tener, decidir cómo y hacia dónde encarar lo que viene y ponerse en marcha. Creo que ese día es cuando empieza la verdadera vida, cuando dejamos atrás el piloto automático que venía incluso conduciendo ignorando lo que nos pasaba, lo que necesitábamos y lo que queríamos.
También me encantó encontrar una mezcla de prosa y versos. La vida de uno es así: con momentos que se asemejan mucho a la prosa y pueden narrarse así, pero hay otros que solo la poesía, sin tantas ataduras pero con concisión de palabra, puede expresar lo que sentimos. Me quedé con ganas de una segunda parte; ojalá pueda conocer algún día cómo le está yendo al narrador de esta historia (de quien solo conocí un par de capítulos breves) y, quién dice, conocer también al autor, que seguro tiene mucho de libertad y valentía para compartirme, cosas que tanto necesito en estos tiempos difíciles de diagnóstico, duelo y aceptación.
Vaya de paso un abrazo enorme al protagonista y un gracias sincero por no guardar esto, que tanto bien hizo y seguirá haciendo a muchos otros.
Valoración personal: 8 / 10
Es una obra que recomendaría a cualquier persona que está enfrentando los miedos propios de un diagnóstico de VIH positivo u otra enfermedad de la cual casi ni quiere hablarse. A veces el primer paso es poner en palabras para aceptar uno mismo lo que sucede, y quizás, para empezar, venga de mucha ayuda escuchar las palabras de otro que atravesó esta situación y ha sabido salir adelante… salir a la vida verdadera.
Deja un comentario